Leyenda japonesa 4

Izanagi y Izanami tuvieron otro niño, que se llamaba Awashima (literalmente, “Isla de Espuma”) pero este niño tampoco nació sano. Preocupados, decidieron consultar ante los dioses primordiales. Ellos les respondieron que la razón del problema es porque la mujer habló en primer lugar cuando hacían el amor.

Es cierto que, antes de tener la relación, Izanami fue la primera en hablar diciendo “¡Oh, en verdad eres un joven hermoso!” y luego Izanagi respondió: “¡Y tú! ¡Qué hermosa eres!”. De modo que la pareja intentó de nuevo hacer el amor, pero esta vez Izanagi fue la primera en decir “¡Qué guapa eres!!” Así nacieron hijos excelentes, es decir, los que encarnaron a las tierras distinguidas, que formaron Japón.

Pero ¡qué machismo!  En Japón casi todas las cosas funciona de esta manera; el hombre es el que camina delante de mujer, el que entra primero por la puerta, al que sirven la comida primero, etc. Hasta en los más nimios detalles se implica la superioridad del hombre.

Por cierto, ¿en que consiste en la virilidad?, acaso es la esencia propia de los varones en su acepción popular.

En Japón, en el siglo 15, el periodo de los estados en guerra, los hombres viriles sacrificaban su vida por defender su honor, En el siglo 19, la época  Meiji, morían por la patria. También en esta época se consideraba que el verdadero hombre es aquel que tiene muchas amantes. En el siglo 20 antes de la segunda guerra mundial, un hombre viril tenía que estar siempre sereno y tener iniciativa, aunque la mayor parte del tiempo tenía que estar callado, y no expresar sus sentimientos. Y ¿ahora? Las cosas cambiaron mucho, por ejemplo, antes un hombre viril no debía entrar en la cocina, ahora, saber cocinar es uno de los requisitos para ser machote.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *