La muerte de Izanami hizo que su esposo se sintiera totalmente desamparado. Izanagi permanecía inmóvil,  como una roca, sumido en sus pensamientos. Muchas lágrimas se escaparon surcando sus mejillas. Después de mucho tiempo, se dijo para sí:

“Voy a hacer una visita a Izanami”

Os preguntareis: ¿Se puede ir al mundo de la muerte?  Sí, ya que desde la antigüedad los japoneses pensaban que en algún lugar de Japón se encontraba ese otro mundo, el mundo de la muerte. Según la región de Japón la creencia varía, se piensa que este otro mundo se encuentra  más allá del monte, en la profundidad del mar, en lo alto del cielo, o debajo de la tierra, pero ninguno de estos lugares es el paraíso o el infierno.

Sea donde sea, Izanagi llegó al mundo de la muerte  y, a través de la puerta, logró dirigir la palabra a Izanami: “Querida mía, no hemos acabado la obra de construir el país, por favor, vuelve conmigo.”

“Oh, es una pena…si no hubieras tardado tanto en venir a buscarme, habría podido volver contigo….Es que ya he tomado la comida del mundo de la muerte, así que no creo que pueda regresar, pero bueno…voy a intentar convencer al Rey de la muerte. Pero mientras tanto no te atrevas a verme,¿ vale?” 

Izanagi lo prometió, se sentó delante de la puerta, pero por mucho que esperó, no salió Izanami, al final se impacientó, se le ocurrió romper una púa del  peine que se llevaba en su cabello y la encendió, y con ella se adentró en el mundo de la muerte para buscar a su esposa, ignorando así su petición.

Pronto Izanagi encontró a su esposa, pero cuando la vio, se horrorizó; ya no era aquella mujer hermosa, su cuerpo resultó tan repulsivo como para provocar arcadas, en su piel pululaban gusanos, su cara  estaba medio podrida. Izanagi empezó a huir gritando, lo que provocó la ira de Izanami; 

“! Te dije que no me miraras! ¡Me has humillado!” 

**Este post  es una parte de la traducción del libro Kojiki (古事記), que es el libro histórico más antiguo de Japón. Si queréis leer el capitulo anterior,  visitad el post de “Leyenda Japonesa”

¿Quién manda? ¿Hombre o Mujer?

No sé porqué pero sentimos siempre una tremenda curiosidad por aquello que está prohibido. Dar una prohibición y violarla es una historia repetida tanto en la leyenda japonesa como en la de occidente, por ejemplo, la historia de Adán y Eva, de mujer de Lot, de Pandora..etc

Pero hay una diferencia; en el caso de las leyendas japonesas, la persona que prohíbe suele ser  mujer, la que viola su orden suele ser  hombre y en cambio en  occidente, es al contrario, el que prohíbe es hombre, o Dios (figura masculina), y la que viola, mujer. Además en la leyenda japonesa la mujer que pone una prohibición siempre se va a otro lugar sin castigar a la persona que comete el error, mientras que los hombres en las leyendas de occidente no se olvidan fácilmente del castigo.

La historia de Izanagi y izanami también seguirá así.