En el libro “kojiki” nos cuenta el lugar donde aconteció el encuentro de Izanami y Izanagi, se llama Yomotsuhirasaka黄泉比良坂, en la ciudad de Matsue, la provincia de Shimane.

Es la entrada del país de la muerte.

A diferencia de estos Dioses Izanagi y Izanami, para nosotros, que somos seres mortales, volver a ver con los fallecidos no es una tarea fácil, así me contó un señor mayor un día en la sala de espera de la rehabilitación:

El señor se llama José, cuando era joven vivía en Japón, casado felizmente con una japonesa. Ella era una chica encantadora y muy cariñosa, le cuidaba mucho; ella compraba la mejor ropa y zapatos para su marido, , no compraba casi nada para ella, guardaba siempre la mejor parte de la comida para él, y en el tren si había un asiento, ella le insistía en que se sentara.
Un día ellos salieron en moto, pero con tan mala suerte, que en el camino tuvieron un accidente. El perdió la conciencia, cuando despertó después de dos días, estaba en el hospital. Vino a verlo la madre de la mujer, José le preguntó por su esposa, estaba muy preocupado. La madre le dijo que ella se lastimó la pierna y que no podía salir de la casa, pero estaba bien. La noticia le tranquilizó. Tardó un mes en salir del hospital. Cuando volvió la casa supo que ella había muerto el día del accidente.
Desde entonces ya pasaron unos treinta años. José volvió a España y rehízo su vida, pero no podía olvidarse de ella, su foto siempre estaba en la mesita de la noche. Una vez fue a hablar con un médium para comunicarse con ella, otra vez asistió una sesión de espiritismo, a pesar de todos sus esfuerzos nunca volvió a ver a su mujer, aunque fuera en un sueño. “¿donde está ella?” Esto es la pregunta que se hace durante todo este tiempo.

Pero es la manera en que vemos, a través de los ojos de los seres mortales, que no siempre corresponde a la realidad. Quizá ella está a su lado -me gustaría pensar así.