En el departamento de japonés de la escuela de idiomas donde trabajo, compartimos la sala de profesores con el departamento de chino. Cada año conocemos profesoras nuevas. Pero ninguno de nosotros conseguimos pronunciar correctamente sus nombres, y acabamos durante todo el curso diciendo; “aquella chica que lleva gafas” o “la más alta de todas” para diferenciarlas. Con esto quiero expresar que el chino y el japonés no tienen parentesco ( excepto por la escritura). A pesar de la proximidad geográfica entre China y Japón no sucede como entre el portugués y el español, por ejemplo, que comparten su origen. Por eso, el chino es un idioma muy difícil para los japoneses, y ni decir tiene para los occidentales.

Del viaje a China al regreso a Japón

Os recordáis de Kūkai?( el protagonista de la entrada anterior, un monje que hizo el entrenamiento budista esotérico llamado kokuzougumonjihou (虚空蔵求聞持法), con el que se puede conseguir una super memoria).  A pesar de esta dificultad que tiene el idioma chino, él lo había conseguido aprender y dominar en un abrir y cerrar de ojos antes de viajar a China. Después de una travesía por mar revuelto durante casi un mes, el barco que llevaba a Kūkai y al grupo de estudiantes- embajadores consiguieron milagrosamente llegar a China ( De hecho sólo llegaron dos barcos de los cuatro que habían zarpado desde Japón)

Una vez allí Kūkai comenzó a visitar muchos templos y finalmente en el templo seiryuuji (青龍寺) conoció a un monje llamado  Keika (恵果) que resultó ser el monje más prestigiosos del budismo esotérico de la época. Hablaron en el sánscrito que Kūkai había practicado durante esos meses. Keika intuyó que Kūkai era la persona que iba a convertirse en su heredero, por lo que le adoptó como discípulo para que aprendiese los sutras y rituales. En tres meses Kūkai consiguió aprender todas las enseñanzas de Keika, cualquier otra persona tardaría toda su vida entera.

Volver a Japón  infligiendo la norma.

El maestro, que ya era mayor, se murió cuatro meses después de lograr transmitir todo a Kūkai. Pero antes de morir ordenó al monje que salvase a los japoneses utilizando esta sabiduría. Kūkai no sabía qué hacer ya que había recibido  la orden de quedarse en China como estudiante-embajador durante 20 años. Justo en ese momento llegó un barco japonés para festejar la entronización del nuevo emperador de China. Kūkai decidió volver en ese barco, infligiendo así la norma. Así regresó a Japón con cientos de sutras, utensilios para los rituales, libros de construcción, de medicamentos… todos  aquellos con los que aprendió durante su estancia de dos años. Pero como no obedeció la orden de la corte japonesa, al llegar a Japón fue tratado como un criminal. No le permitieron entrar en la capital.

                                                   Saichou                                    Kūkai

Fue ayudado por Saichou, que entonces era un monje de rango muy alto, la persona que fundó el budismo de la escuela Tendai. Como a Saichou le interesaba el budismo esotérico, pidió a Kukai que le permitiera ser su discípulo. Todos se sorprendieron: ¡un monje de élite se convierte en discípulo de un monje don nadie!! Así poco a poco el nombre de Kūkai sería tan popular como para llegar a oídos del emperador Saga.

Continua a Kūkai 3 la historia de super hombre